martes, 11 de agosto de 2015

El grave error de concepción sobre lo que es un frente y lo que es un partido, y las diferencias y roles de cada uno; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«Atendiendo y estudiando el proceso de creación del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) desde una óptica certera, en ese momento se produce un mayúsculo error en la organización y conformación, uno que está entre las causas fundamentales de todas las desviaciones que irán apareciendo a lo largo del proceso hasta hoy. Y es que el FSLN no surge por la actividad organizativa de un partido comunista –nos referimos a un verdadero partido de vanguardia guiado por el marxismo-leninismo y no al nombre en concreto– con todas sus consecuencias, como: la falta de comprensión e impregnación de las normas marxista-leninistas de organización como es el caso de la unidad ideológica monolítica, la unidad de acción, y el carácter de clase en la composición social. Es decir, los fundadores del FSLN, pese a considerarse así mismos marxista-leninistas, fundaron una organización político-militar en ausencia de un partido, que además obedecía a la estructura de un frente, y cuyo concepto de frente hacía que dentro de la organización no fuera totalmente relevante el origen de clase, se permitirían varias tendencias ideológicas, y no había unidad de acción. Al tiempo se pretendía que esta estructura claramente socialdemócrata fuera una vanguardia marxista-leninista. Pero ocurrió que por su carácter de frente –como el propio nombre de la organización nos deja ver– se vieron atraídos sujetos y grupos antisomocistas de diferentes orígenes sociales e ideológicos, siendo sus consecuencias imaginables para el lector. Con  el paso de los años muchos de estos elementos se autodenominarían «marxista-leninistas» dentro del FSLN.

Como siempre hemos manifestado en nuestros documentos, actualmente los marxista-leninistas tienen una especial debilidad teórica a la hora de entender que es un frente, y la relación que une a este con el partido comunista y con la lucha que desean desarrollar en cada situación, y los pretendidos marxista-leninistas nicaragüenses no fueron menos. Los frentes existen de distintos tipos según las necesidades del país y el momento:

«Cierto es que tanto para la lucha para la conquista de objetivos menores, como para objetivos máximos, es permisible la idea de un frente de lucha –sea de características antiimperialistas, antifascistas, anticapitalistas, etc.– donde converja el partido comunista con otras organizaciones –teniendo estas una mayoría de elementos de las clases trabajadoras, sean obreros o elementos pequeño burgueses–, pero sólo tiene aplicación bajo determinadas condiciones, y el partido comunista siempre tendrá el deber de ser vanguardia de dicho frente si no quiere que fracasen los objetivos del frente y que esa alianza temporal caiga en manos burguesas para manejarla a su antojo. Generalmente a este tipo de frente se ha llamado frente popular, con el calificativo de popular por el hecho de unir a obreros y el resto de clases trabajadoras para un fin concreto. También han existido históricamente los llamados frente único del proletariado, donde el partido comunista instaba al resto de organizaciones con gran afiliación de obreros, o de obreros sin partido, hacia un objetivo concreto. Este tipo de frente fueron comunes tras la Primera Guerra Mundial, y eran utilizados como métodos para frenar la ofensiva de la burguesía sobre los derechos laborales de los obreros y su nivel de vida, pues era común por entonces, que la burguesía  intentara por ejemplo: pagar las reparaciones de guerra que debía a otros países cargando tal deuda a espaldas de las clases trabajadoras, por lo que muchas veces estos frentes, no eran sólo frente único del proletariado, sino que se extendían con las organizaciones no proletarias de artesanos, campesinos y demás, agraviados por la ofensiva de la burguesía; convirtiéndose en frente popular con diversos calificativos: frente del trabajo, frente de los trabajadores, frente anticapitalista etc., razón por la que en ocasiones estos dos tipos de frente se entrelazan. Los calificativos usados por cada frente no importan, lo importante es comprender en cada experiencia de frente que alianza contraía el proletariado y con qué objetivo». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

Si observamos detalladamente toda esta cuestión pero extrapolada a la experiencia del FSLN, es tal que:

1) El FSLN se convierte en una organización de «frente antisomocista» –por llamarlo de alguna manera– debido a que se constituyó desde el primer momento en una organización de carácter socialdemócrata, con lineamientos muy similares a las de los partidos de la II Internacional; esto significa que no se organizó como partido de nuevo tipo, de tipo leninista. En tanto, en tal acción, quedó negado el supuesto marxismo-leninismo de sus miembros:

«Los bolcheviques lucharon decididamente contra las tentativas mencheviques de disolver al partido en amplias organizaciones sin partido. Es conocido que en 1907, Pável Axelrod y otros mencheviques propusieron convocar el llamado «Congreso obrero», en el cual participarían los socialdemócratas, los socialrevolucionarios y los anarquistas. Este congreso, según los mencheviques, debería crear un amplio partido obrero pequeño burgués «sin partido». Lenin desenmascaró este nocivo intento de liquidar el partido obrero revolucionario y diluir el destacamento avanzado de la clase obrera en la masa pequeño burguesa. A propuesta de Lenin, el partido criticó duramente el plan menchevique de convocatoria del «Congreso obrero». Los bolcheviques han considerado siempre que el partido es la forma superior de organización de clase del proletariado. En el período de la discusión acerca de los sindicatos, a finales de 1920 y comienzos de 1921, la «oposición obrera» quiso reducir a cero el papel del partido; consideraba los sindicatos, y no el partido, la forma superior de organización de la clase obrera. Semejante política de socavamiento del papel dirigente del partido en los soviets y en los sindicatos quiso aplicar el llamado grupo del «centralismo democrático». El partido dio una réplica contundente a todos estos intentos. El Xº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia condenó la desviación anarco-sindicalista de los representantes de la «oposición obrera» y declaró que las concepciones anarco-sindicalistas eran incompatibles con la permanencia en el partido. La experiencia ha demostrado que apartarse de la doctrina leninista-stalinista del partido conduce inevitablemente a la catástrofe. Es sabido que los actuales dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia han diluido el partido en las organizaciones sin partido, en el frente popular. Los dirigentes del partido yugoslavo minan el partido de la clase obrera como fuerza política independiente, llamada a influenciar en las amplias masas trabajadoras». (Édourd Burdzhalov; La importancia internacional de la experiencia histórica del partido de los bolcheviques, 1948)

Para mayor claridad, veamos una cita de la Kominform al respecto del papel a desempeñar en la revolución y en la sociedad socialista por el partido comunista y por el frente; una lección que en su día iba dirigida a los revisionistas yugoslavos:

«La Kominform considera que la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia revisa la doctrina marxista-leninista sobre el partido. Según la teoría marxista-leninista, el partido es la fuerza dirigente principal en el país, con programa propio y sin diluirse en la masa de los sin partido. El partido es la forma superior de organización y el arma más importante de la clase obrera. Pero en Yugoslavia es el frente popular y no el partido comunista es el que está considerado como la fuerza principal dirigente en el país. Los yugoslavos rebajan el papel del partido comunista; lo diluyen, en efecto, en el frente popular de los sin partido que comprende elementos muy diferentes desde el punto de vista de clase –obreros, campesinos, trabajadores con una explotación individual, kulaks, comerciantes, pequeños industriales, intelectuales burgueses, etc–. así como grupos políticos de todo tipo, incluso ciertos partidos burgueses. Los dirigentes yugoslavos se empeñan en no reconocer lo erróneo de su orientación, según la cual el Partido Comunista de Yugoslavia no puede ni debe tener su proprio programa particular, sino que debe contentarse con el programa del frente popular. El hecho de que en Yugoslavia solo el frente popular actúa en la arena política, mientras que el partido y sus organizaciones no se presentan abiertamente, en nombre propio, ante el pueblo, no solo rebaja el papel del partido en la vida política del país, sino que socava al partido como fuerza política independiente llamada a conquistar la creciente confianza del pueblo y a atraer bajo su influencia a masas cada vez más amplias de trabajadores mediante una actividad política propagandística abierta de sus puntos de vista y de su programa. Los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia repiten los errores de los mencheviques rusos respecto a la disolución del partido marxista en la organización de las masas de los sin partido. Todo esto demuestra la existencia de tendencias liquidadoras respecto al Partido Comunista en Yugoslavia. La Kominform considera que esa política del Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia amenaza la propia existencia del éste como partido comunista y, en fin de cuentas, lleva consigo el peligro de la degeneración de la República Popular de Yugoslavia». (Kominform; Resolución: «Sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia», 28 de junio de 1948)

En otro orden de cosas, y aunque esta próxima cita corresponde a las relaciones entre partido y frente en la construcción del socialismo, observemos como el marxista-leninista soviético Naum Farberov explicaría el error que supondría para los partidos comunistas esconderse ante el pueblo detrás del frente, o acabar diluyéndose en el para la construcción del socialismo –negando su rol como partido, y el rol de la clase obrera en la construcción socialista–, algo que hicieron los «marxista-leninistas» nicaragüenses desde la fundación del FSLN y la previa toma del poder:

«La fuerza dirigente de las democracias populares es el partido comunista –proletariado–. El partido comunista forma parte de los frentes populares, pero lejos de diluirse en ellos, el partido los dirige. Más aún, los partidos comunistas se presentan delante del pueblo abiertamente, con su propio nombre, como una fuerza política independiente que dirige la edificación socialista. Si el partido comunista abandonara su posición dirigente, se negaría a sí mismo como vanguardia de la clase obrera, la única capaz de inspirar y dirigir la emancipación de todas las demás categorías de oprimidos. Este abandono, del que se han hecho culpables los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia, conduce necesariamente al oportunismo político, al abandono de la propia edificación socialista y, finalmente, a aliarse a la reacción. Los frentes populares han jugado un papel magnífico en la lucha contra los invasores fascistas y la reacción interior, y deben continuar siendo en el futuro un arma importante para la consolidación de las fuerzas democráticas. Pero no sustituyen ni pueden sustituir al partido comunista. Dado las clases que los componen, los frentes populares no pueden jugar un papel positivo más que bajo la dirección del partido comunista, vanguardia organizada de la clase obrera y de todos los trabajadores». (Naum Farberov; Las democracias populares en Europa del Este, 1949)

Pero entonces ¿por qué es el error fundamental en Nicaragua?

Sencillamente esta pretendida «vanguardia marxista-leninista nicaragüense» nunca se organizó en un partido político de clase obrera que asumiera la vanguardia del proceso como partido obrero dirigente de la lucha antisomocista y de liberación nacional. Evidentemente que en esta etapa un presunto partido comunista podría haberse apoyado en un frente que reuniera a los partidos y organizaciones como: asociaciones juveniles, de mujeres, sindicatos, y demás organizaciones de carácter antisomocista. El que el partido hubiera liderado el transcurso de esa lucha le hubiese permitido ganar la autoridad moral, la hegemonía ideológica necesaria, ante el pueblo nicaragüense, en tanto podría haber sido el puente mediante el cual se hilara la revolución antisomocista y todas sus tareas antiimperialistas, antifeudales, antifascistas, anticoloniales con la revolución socialista. Así lo explicaron en su día varios marxista-leninistas:

«Para que triunfe la causa de la liberación y la revolución, es preciso que el partido marxista-leninista una bajo su dirección a todas las fuerzas revolucionarias en un amplio frente popular. En la creación de amplios frentes populares, el partido comunista marxista-leninista en modo alguno debe cifrar todas sus esperanzas y concentrar todos sus esfuerzos en las alianzas y la colaboración con los jefes de los partidos y las diversas organizaciones políticas. El partido, sin descuidar este trabajo, tiene la tarea de consagrar toda su atención y todas sus energías a la lucha por crear la unión del pueblo a partir de la base, a través de un gran trabajo de esclarecimiento y persuasión entre las masas, sobre todo organizando acciones concretas, bien preparadas y reflexionadas. (...) En las condiciones de una revolución democrático popular y de la lucha de liberación nacional, cuando existen varios partidos burgueses y pequeño burgueses, el partido comunista puede y debe esforzarse por colaborar con ellos en el marco de un amplio frente democrático popular o de liberación nacional». (Enver Hoxha; Sobre el papel y las tareas del Frente Democrático en la lucha por el triunfo completo del socialismo en Albania, 14 de septiembre de 1967)

domingo, 9 de agosto de 2015

La escisión de 1972, y el nacimiento del MAP-ML; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«En 1972 el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) sufrió una escisión que no aparece en los libros oficiales y la propaganda; la misma se debió en lo fundamental a que el FSLN ya mostraba desviaciones derechistas como hemos visto en cuanto a organización, línea de pensamiento y objetivos, ese grupo escindido pasó a llamarse Movimiento de Acción Popular Marxista-Leninista (MAP-ML). Esta agrupación es la más próxima al marxismo-leninismo que la historia de Nicaragua ha conocido, con razón la mayoría de nicaragüenses marxista-leninistas o simpatizantes fueron a parar a este partido dejando realmente desierto el FSLN de miembros marxista-leninistas, esto ocasionó que en el FSLN predominaran revisionistas y antimarxistas –más adelante abordaremos las posiciones del MAP-ML comparándolas con las tibias posiciones del FSLN–.

El MAP-ML en lo militar desarrollaría una política de colaboración militar con el FSLN contra el somocismo antes de su derrumbe en 1979; posteriormente no se les incluiría en el gabinete de gobierno a diferencias de otros partidos burgueses y pequeño burgueses, este partido al señalar  las deficiencias y vacilaciones del FSLN y su imposibilidad para llevar al país al socialismo sería perseguidos y aniquilados como fuerza política en los momentos inmediatamente posteriores al triunfo de 1979. La pequeña pero internacionalista Albania socialista de Enver Hoxha rompería relaciones con Nicaragua debido a la contrarrevolucionaria y bárbara represión desatada contra ellos. Como decimos más adelante nos extenderemos tranquilamente sobre esta organización». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

Comorera hablando sin paños calientes sobre la democracia que debía surgir después de la España fascista



«Nosotros, los obreros revolucionarios, los campesinos, los pequeño burgueses, los intelectuales progresistas, todos los patriotas, somos una parte integrante del campo antiimperialista y democrático, y nuestro deber es luchar para liberar al Estado español de las castas y las clases que lo monopolizan, hemos de dar término a la revolución democrática española. (...) Y entendamos, porque hoy, hasta Franco se califica de demócrata, no podemos dejarnos deslumbrar por la democracia formal. Debemos querer la forma y el contenido de la democracia. Hemos de arrancar las raíces de las castas parásitas, tenemos que dejar fuera del territorio al capital monopolista extranjero, tenemos que liquidar a los monopolios [nacionales] internos, que son sus cómplices e instrumentos. Debemos nacionalizar el suelo, el subsuelo, tenemos que nacionalizar bancos y seguros, transportes y otros servicios públicos, la gran industria y el comercio. Hemos de liquidar el parasitismo terrateniente y entregar la tierra a los campesinos que la trabajan, hemos de asegurar una vida digna y libre de la opresión económica explotadora a la pequeña burguesía y los campesinos medios. Debemos crear un verdadero Ejército Popular, un auténtico orden público popular, un régimen de igualdad absoluta entre los sexos y que asegure a la juventud y a la infancia una perspectiva ilimitada de progreso y bienestar. Debemos limpiar el Estado de los agentes y de los instrumentos de las castas y los capitalistas. Debemos reestructurar el Estado español, para que en la línea federativa, obtengan la realización plena de los derechos nacionales Cataluña, Euskadi y Galicia. Y para consolidar la revolución democrática, desarrollar y marchar hacia el socialismo, debemos exigir que el nuevo Estado español, surgido de la revolución española, sea dirigido por la clase obrera y las masas populares». (Joan Comorera; Nuestro problema no comienza ni acaba en la persona de Franco; Carta Abierta a J. Navarro i Costabella, noviembre de 1948)

miércoles, 5 de agosto de 2015

Las invenciones del thälmanniano Wolfgang Eggers sobre el VIIº Congreso de la Komintern; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

Últimamente nos hemos encontrado de frente con algunos textos del alemán Wolfgang Eggers que deseábamos «hincarle el diente».

En realidad el contenido de sus análisis sobre el VIIº Congreso de la Komintern de 1935 no dice nada nuevo, no son conclusiones diferentes a la de otros revisionistas que ya hayamos desmontado, con la excepción de que este personaje lleva desde años presentándose como un defensor de las ideas de Stalin y Hoxha, de hecho autodenomina a su organismo Internacional «Stalinista-Hoxhista» y se ve a sí mismo como el legítimo heredero del legado de Ernst Aust y del Partido Comunista de Alemania Marxista/Leninista, ¡eso pese a que militando en dicho partido permitiera delante de sus narices que el partido fuera liquidado por filotrotskistas como Horst Dieter Koch tras la muerte de Ernst Aust! Para que nos entienda el lector esto tiene tanta lógica como cuando Ramiz Alia juraba fidelidad a la obra de Enver Hoxha, o Santiago Carrillo al legado de José Díaz.

Es por ello que por sus ropajes de «stalinista-hoxhista» hemos visto más necesario refutar sus calumnias sobre la Komintern, calumnias que ya hemos refutado otras veces analizando las teorías de maoístas como Edward Hill o de otros presuntos «marxista-leninistas» como Bill Bland.

Wolfgang Eggers es de aquellos autores que han sido influenciados por varias fuentes:

1) Por los autores socialdemócratas trotskistas, titoistas, jruschovistas, eurocomunistas, maoístas y sus escritos sobre la Komintern, lo que se nota a la hora de evaluar los congresos de la Komintern. De hecho entre la evaluación de la línea marxista-leninista del VIIº Congreso de la Komintern que hace Wolfgang Eggers y la que hace Lev Trotski no hay diferencia alguna, salvo que el alemán dice estar defendiendo el «stalinismo» mientras que el ucraniano decía defender el «leninismo» al criticar cosas como el frente popular. El problema no es leer a estos autores y sus trabajados sobre la Komintern pues es hasta indicado leer estos autores revisionistas para conocer que dicen, lo preocupante es no acudir a los propios textos de la Komintern y entender la línea de aquellos congresos por lo que cuentan terceros como hace Wolfgang Eggers;

2) Además está influenciado por Ernst Thälmann, líder del Partido Comunista Alemán de los años 30 quién heredaría la vena espontaneísta, idealista y anarquista de Rosa Luxemburgo a la hora de analizar los fenómenos sociológicos. Ernst Thälmann sería de aquellos líderes que en los años 30 serían conocidos por sus variadas tesis absurdas sobre el carácter del fascismo y como combatirlo, sus tácticas antifascistas fueron desastrosas para el proletariado alemán, entre ellas encontramos que según sus miras: a) no había diferencia cualitativa entre la democracia burguesa y la abierta dictadura terrorista fascista; b) que el advenimiento del fascismo solo significaba que la revolución proletaria estaba a las puertas; c) que el gobierno de democracia burguesa como el de Brüning, Papen o  Schleicher era ya gobiernos fascistas creando confusión en el proletariado sobre lo que es y no es fascismo; d) que en pleno proceso de fascistización del Estado la socialdemocracia suponía el mayor peligro para el proletariado alemán; e) que era un error crear un contraste entre los fascistas y los socialfascistas –como denominaban a la mayoría de socialdemócratas– y que los socialfascistas eran los principales causantes del fascismo y a quienes había que dirigir el principal golpe. El señor Wolfgang Eggers defiende el supuesto legado de Ernst Thälmann aunque todavía no ha sabido explicarnos que aportes nos ha regalado tal figura cercana al anarquismo y al trotskismo;

3) Así mismo ha sido influenciado por las tesis de Bill Bland y Norberto Steinmayr quienes promovieron tesis fantasiosas, especulativas y sin ningún respaldo histórico como que «Dimitrov fue un agente nazi», que «Stalin estuvo secuestrado por los revisionistas desde los años 20 en el Partido Comunista de la Unión Soviética» y que los mismos revisionistas «también había secuestrado a la Komintern y luego a la Kominform», así mismo se basaba en la tesis de que «Stalin por miedo permitía todo esto e incluso habría dejado celebrar un congreso presuntamente revisionista como el VIIº Congreso de la Komintern de 1935» en su casa, en Moscú.

Las críticas históricas de derecha e «izquierda» al VIIº Congreso de la Komintern, son muy conocidas y las hemos refutado en otros documentos, presentemos algunas de estas teorías, dejemos un resumen de estas teorías de las que bebe Wolfgang Eggers:

«Por supuesto, el VIIº Congreso de la Komintern de 1935, fue un congreso que levantó ampollas para muchos enemigos del marxismo-leninismo, las críticas durarían décadas: 1) Fue ampliamente criticado desde lados derechistas por muchos socialdemócratas que lo califican de «maniobra demagógica y desesperada, que obligaba a todo partido comunista en el mundo a acatar la nueva línea dictada desde Moscú a través del pulpo stalinista de la Komintern»; 2) Por supuesto quién dedicó horas y horas y artículos y artículos para calificar de «nueva concesión del stalinismo ante la burguesía» que «certificaba que se renunciaba a la revolución» y todo tipo de epítetos que distorsionaban la verdadera línea del congreso atacando desde una presunta crítica de «izquierda» fue Lev Trotski; 3) También los anarquistas veían el congreso como una estratagema de la «burocracia stalinista» que evidenciaba el paso atrás que el stalinismo provocaba en la revolución y la liberación social de las masas las tácticas antifascistas, proclamando que los stalinistas no comprendían que «era fascismo o revolución», no teniendo sentido conservar los derechos y libertades de la democracia burguesa, e incluso pensando que el advenimiento del fascismo revolucionaba a las masas y precipitaba la revolución y barrer al fascismo, ni viendo sentido las alianzas con otros antifascistas en los países ya dominados por el fascismo; 4) Como buenos antistalinistas, los revisionistas chinos, y especialmente la rama de los absorbidos por la propaganda de la pseudorevolución cultural china, empezaron sobre todo a partir de los 70 a proclamar estupideces del tipo de que era un congreso revisionista porque no hablaba de revolución, de dictadura del proletariado y socialismo, sino sólo de tácticas antifascistas y encima erradas. Como siempre tanto Mao Zedong como sus seguidores intentaban rebajar la influencia de la Komintern en la revolución china, e intentaban contraponer que fue gracias a que «Mao Zedong se desligo de los consejos de la Komintern stalinista que la revolución china pudo triunfar, ya que Stalin no quería ni permitía hacer la revolución», una teoría trotskista-titoista; 5) Tiempo después los revisionistas eurocomunistas volverían a atacar la línea del congreso desde la derecha, aludiendo que este congreso llevaba implícito el no acabar nunca la colaboración temporal con los partidos socialdemócratas y otros partidos antifascistas y la clase que representaban cada uno de ellos; era lo que llamarían el sagrado «compromiso histórico» de estos partidos durante la lucha antifascista y presentaban la etapa antifascista de los años 30 que atravesaron algunos países como inmutable, con lo que jamás se acababa ni en los 40 ni en los 50, era «ad infinitum» para ellos, y por lo tanto un análisis oportunista y antidialéctico, también incluso inventaron que dicho congreso tenía el germen de la «transición pacífica parlamentaria al socialismo»; 6) A la fiesta de la calumnia se apuntaron presuntos marxista-leninistas como Bill Bland y otros de línea pro albanesa, aludiendo que era un congreso de revisionistas emboscados, de agentes nazis como Dimitrov que habrían logrado engañar a los miembros marxista-leninistas de la Komintern, e incluso algo así como que engañaron para aceptar tales tesis revisionistas a todo el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética. La conocida tesis de Bill Bland de que Stalin estaba rodeado de revisionistas y no le quedaba más remedio que aceptar tal humillación no sólo en su partido sino en la Komintern celebrando su congreso de 1935 en su casa, presentando a Stalin como un traidor a la clase obrera y un cobarde que no nos dejo ni una sola anotación en contra de la línea oportunista de la Komintern por miedo a los revisionistas, algo que curiosamente no se vio cuando si criticó la línea de Zinóviev, Brandler, Bujarin y muchos otros en la Komintern». (Equipo de Bitácora (M-L); Introducción a la obra de Georgi Dimitrov: «La clase obrera contra el fascismo»,  de 1935, 25 de abril de 2013)

Bajo esta cosecha de influencias insanas, es esperable que Wolfgang Eggers ataque a la Komintern:

«Los revisionistas y la burguesía atacaron ferozmente el gran trabajo de la Komintern, precisamente porque creó y desarrolló a los partidos comunistas del mundo, que han educado a millones de trabajadores para luchar contra la burguesía de sus propios países para evitar perpetuar su dominación». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

Empecemos con las críticas de Wolfgang Eggers a la Komintern, pues vamos a disfrutar mucho dándole unas clases de historia del movimiento comunista:


El carácter del frente popular

«El VII Congreso Mundial de la Komintern abrió la puerta a las «teorías» liquidadoras y capitulacionistas del antifascismo cuyo objetivo era reemplazar la ideología del marxismo-leninismo-stalinismo por la ideología socialdemócrata-revisionista. Todas estas «teorías» liquidadoras ya fueron creadas desde el VII° Congreso Mundial de la Komintern intentando hacer prescindir de nuestras propias organizaciones comunistas y la ideología a favor de la parte delantera de unidad con la burguesía». (Wolfgang Eggers; 80° Aniversario de la traición por el VIIº Congreso Mundial de la Komintern, 24 de julio 2015)

Falso, los marxista-leninistas para empezar tomaban el frente popular no como una unión con la burguesía, sino, como su propio nombre indica como un frente donde su núcleo era el pueblo, es decir la clase obrera y sus aliados de otras capas de las clases trabajadoras, precisamente eso incluía desglosar bajo un trabajo de persuasión a la dirigencia burguesa de su base trabajadora para atraerlos a la lucha en contra de sus cabecillas:

«Lo fundamental, lo más decisivo, para establecer el frente popular antifascista es la acción decidida del proletariado revolucionario en defensa de las reivindicaciones de estos sectores y, en particular, del campesinado trabajador, de reivindicaciones que corresponden a los intereses cardinales del proletariado, combinando en el transcurso de la lucha las aspiraciones de la clase obrera con estas reivindicaciones. Para la creación del frente popular antifascista tiene una gran importancia el saber abordar de una manera acertada a todos aquellos partidos y organizaciones que enrolan a una parte considerable del campesinado trabajador y a las masas principales de la pequeña burguesía urbana. En los países capitalistas, la mayoría de estos partidos y organizaciones –tanto políticas, como económicas– se encuentran todavía bajo la influencia de la burguesía y siguen a ésta. La composición social de estos partidos y organizaciones no es homogénea. En ella aparecen, al lado de los campesinos sin tierra, campesinos muy ricos, al lado de los pequeños tenderos, grandes hombres de negocios, pero la dirección la llevan estos últimos, los agentes del gran capital. Esto nos obliga a dar a estas organizaciones un trato diferenciado, teniendo en cuenta que, a menudo, la masa de sus afiliados no conoce la verdadera faz política de su propia dirección. En determinadas circunstancias, podemos y debemos encaminar nuestros esfuerzos a ganar a estos partidos y organizaciones o a sectores sueltos de ellos para el frente popular antifascista, pese a su dirección burguesa. Así, por ejemplo, acontece actualmente en Francia con el partido radical, en los Estados Unidos con las distintas organizaciones de granjeros, en Polonia con el «Polskie Stronnictwo Ludowe», en Yugoslavia con el Partido Campesino Croata, en Bulgaria con la Unión Agraria, en Grecia con los «agraristas», etc. Pero, independientemente de esto si existan o no probabilidades de atraer a estos partidos y otras organizaciones al frente popular, nuestra táctica tiene que ir dirigida, bajo todas las condiciones, a incorporar al frente popular antifascista a los pequeños campesinos, artesanos, etc., enrolados en ellas». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

¿No es suficientemente aclaratoria? Bien pongamos otra cita que deja si cabe más clara la intención de no fundirse con otras organizaciones, sino de persuadir a los trabajadores engañados en ellas:

«Para lograr, en dichos países un frente popular, los comunistas deberán llevar a cabo entre las masas una enorme labor política y de organización. Tendrán que vencer los prejuicios de esas masas, que consideran ya a sus organizaciones reformistas de masas como la encarnación de la unidad proletaria; convencerlas de que establecer el frente único con los comunistas significa para ellas pasar a la posición de la lucha de clases, de que sólo ese paso garantiza el éxito de la lucha contra la ofensiva del capital y el fascismo. No venceremos las dificultades que se nos presentan si nos planteamos aquí tareas más amplias. Por el contrario, al luchar por eliminar estas dificultades, prepararemos, y no de palabra, sino en los hechos, la creación de un auténtico frente popular de lucha contra el fascismo, contra la ofensiva del capital, contra la amenaza de la guerra imperialista». (Georgi Dimitrov; Por la unidad de la clase obrera contra el fascismo; Discurso de resumen en el VIIº Congreso de la Komintern, 13 de agosto de 1935)

Esta línea seguía la propia línea aprendida por Dimitrov en los frentes en Bulgaria durante los años 20:

«¿Qué es el frente único y que debería ser? El frente único no es y no debe ser simplemente una confraternización de los líderes del partido. El frente único no se creará mediante acuerdos con los «socialistas» que hasta hace poco eran miembros de los gobiernos burgueses. El frente único significa la asociación de todos los obreros, ya sean comunistas, anarquistas, socialdemócratas, independiente, sin partido, o incluso obreros cristianos, contra la burguesía. Con los líderes, si lo quieren así, sin los líderes si permanecen indiferentes y a un lado, y en desafío de los líderes y en contra de los líderes si sabotean el frente único del proletariado. Y este verdadero frente común en la lucha común está obligado a formarse. Debe formarse si la clase obrera quiere defender sus intereses más fundamentales y elementales contra la ofensiva capitalista. Hacemos un llamamiento en particular a los obreros sin partido y a los que siguen apoyando la II Internacional. Nosotros decimos: Todavía no sois comunistas, muchos de vosotros sois incluso abiertamente hostiles al comunismo. Pero llegará el momento en que se reconozca la exactitud de las ideas comunistas. Esperaremos entonces pacientemente hasta que llegue ese momento, que marcará el comienzo de la verdadera emancipación de la clase obrera. Pero hasta entonces decimos: A pesar de todas las diferencias en nuestros puntos de vista políticos trabajemos juntos para organizar el frente único contra los capitalistas». (Komintern; Extractos de la declaración del Comité Ejecutivo de la Komintern sobre los resultados de la Conferencia de Berlín, 27 de abril 1922)

lunes, 3 de agosto de 2015

Los engaños del reformismo socialdemócrata sobre los obreros y sus resultados

Iósif Stalin y Georgi Dimitrov

«En el periodo en que los obreros y campesinos rusos derribaron el poder de los terratenientes y los capitalistas, en Europa central existían todas las condiciones objetivas necesarias para que el proletariado europeo, y en primer lugar el alemán, pudieran emprender el camino recorrido ya por los obreros y campesinos soviéticos. Pero no se hizo así. No se hizo, principalmente porque en la dirección de las organizaciones de masas del proletariado tenían entonces la palabra decisiva los líderes de los partidos socialdemócratas, que ya desde comienzos de la guerra estaban en coalición con la burguesía imperialista de sus respectivos países.

Deseosos de conservar a toda costa las bases tambaleantes de la sociedad burguesa, aprovecharon a fondo la influencia ideológica y política de la socialdemocracia, del reformismo, para engañar a la mayoría de la clase obrera, para tratar de convencerla de que no era el mayor desarrollo de la Revolución, sino su rápida liquidación, lo que conduciría a los obreros al socialismo. Mediante su coalición con la burguesía, escindieron al movimiento obrero, debilitaron al proletariado, aislándolo del campesinado y la pequeña burguesía de la ciudad, y de este modo ayudaron a la burguesía a organizar sus fuerzas y a pasar a la ofensiva contra los obreros y campesinos revolucionarios.

Los políticos cobardes y estafadores, que se encontraban al frente de las organizaciones obreras de masas del proletariado, atemorizaban a los obreros en el sentido de que habría víctimas, se harían sacrificios, se producirían privaciones y se caería en la ruina económica. Les inculcaban la idea de que el camino del bolchevismo, la aplicación revolucionaria, en la práctica, de la doctrina de Marx y Engels, la revolución proletaria y la dictadura del proletariado no conducirían al socialismo, sino que llevaría a él el camino de la socialdemocracia: el de la coalición con la burguesía y la conservación del régimen burgués aseguraría el tránsito pacífico e indoloro al socialismo.

Ahora el resultado de estos veinte años salta a la vista. ¿Quién negaría que los sacrificios, y las privaciones que sufrieron, por ejemplo, toda la clase obrera y los trabajadores de Alemania durante todo el periodo de posguerra, y en particular, en las condiciones del cruento régimen de la dictadura fascista, no son mil veces más grandes que todos los sacrificios y privaciones que habrían sido necesarios para la victoria de la revolución proletaria en 1918? En vez del paso pacífico e incruento al socialismo, que prometía la socialdemocracia, con toda su política divisionista y derrotista, allanó el camino para la victoria del fascismo». (Georgi Dimitrov; La Unión Soviética y la clase obrera de los países capitalistas, 7 de noviembre de 1937)

domingo, 2 de agosto de 2015

Los reflejos de no superar los obstáculos de la circunstancialidad de la época en los errores sobre las exigencias organizativas e ideológicas; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

Entrevista a Carlos Fonseca en La Habana, 1970

«
Dada esa circunstancialidad externa en que se desarrolló la formación de los cuadros del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), y como se reflejaba al interior de la sociedad nicaragüense, se puede observar en la línea teórica de la organización un componente decididamente vacilante e incluso distorsionado del marxismo-leninismo.

De hecho si vemos la influencia de todas estas desviaciones en la creación del FSLN, el primer reflejo claro, es que este como tal, oficialmente no tiene un momento fundacional concreto ni un programa concreto en la lucha contra Somoza en los 60, Carlos Fonseca diría:

«El Frente no nació de una asamblea o de un congreso, ni lanzó una proclama anunciando su creación. Ni tampoco presentó un programa. En el Frente primero fue la acción y en base a sus primeras experiencias fue formulando y reformulando, porque siempre ha tenido un gran sentido autocrítico, su programa, su estrategia y su táctica. El FSLN es un producto genuino de la historia popular de Nicaragua». (Matilde Zimmerman; Sandinista: Carlos Fonseca y la Revolución Sandinista, 2003)

Esto también fue confirmado por Rodolfo Romero en 1994, saliendo al paso de las especulaciones de Tomás Borge sobre el supuesto aniversario de una supuesta fundación del FSLN:

«Rodolfo Romero, uno de los pocos sobrevivientes de los años iniciales del FSLN, dijo en una entrevista en 1994 que la reunión de los tres fundadores era un mito. Romero, que es de la misma edad de Borge, se fue del Partido Socialista Nicaragüense con Fonseca a raíz de El Chaparral y fue un prominente activista en la Juventud Patriótica Nicaragüense, Movimiento Nueva Nicaragua, Frente de Liberación Nacional, y del FSLN en sus comienzos. «Nunca hubo una reunión formal para fundar el Frente», dijo Romero con considerable énfasis. «Todo lo que lea sobre esto es falso». «A pesar del cariño que le tengo al comandante [Borge], Romero continuó, «yo debo decirle a usted que el Frente Sandinista nunca tuvo ningún aniversario oficial; nunca hubo ningún congreso, ninguna convención, ninguna asamblea de fundación. No hubo nada. Jamás. El FSLN fue creado en el calor del combate». (Matilde Zimmerman; Sandinista: Carlos Fonseca y la Revolución Sandinista, 2003)

Como ya hemos citado anteriormente, hubo un cóctel de corrientes con rasgos espontaneístas que influenciaron profundamente al FSLN a la hora de negar el rol del partido de la clase obrera, el partido comunista. Los marxista-leninistas de los 60 tuvieron que salir al paso de gran parte de estas teorizaciones que fueron agudizadas con el brote de espontaneísmo del 68 que dieron un nuevo impulso a esta forma de pensar en favor del espontaneísmo:

«Actualmente se han reanimado diversas teorías que predican la espontaneidad en el movimiento revolucionario, que menoscaban el papel del factor consciente, que niegan el papel de la teoría y del partido del proletariado. La degeneración de los partidos revisionistas, su transformación en partidos reformistas, inocuos para la burguesía, y las tesis antimarxistas de los revisionistas modernos, soviéticos, yugoslavos, italianos, etc., de que «el capitalismo se está integrando en el socialismo de manera, consciente o inconsciente, gradual o radical», de que «también partidos y organizaciones políticas no proletarias pueden llegar a ser portadores de los ideales del socialismo y dirigentes de la lucha por su realización», de que «también algunos países donde está en el poder la nueva burguesía nacional se encaminan hacia el socialismo», etc., se han convertido en base para propagar los puntos de vista más extremistas que niegan totalmente el papel de la teoría y la necesidad del partido de la clase obrera. Existen también quienes, autotitulándose revolucionarios acabados, llegan incluso a decir que «en la teoría de Marx sobre la revolución no hay lugar ni necesidad del partido», que «la vanguardia de la revolución socialista no puede identificarse con el partido marxista-leninista», que el papel del partido puede ser desempeñado «por una minoría activa» que surge como «fermento» en el movimiento espontáneo, que «de la misma acción revolucionaria nace la conciencia y la organización revolucionarias. Todas estas «teorías» ocasionan un daño incalculable al movimiento revolucionario ya que desorientan y dejan desarmada a la clase obrera frente a los ataques de la burguesía, quien, por su parte, ha perfeccionado al máximo sus métodos y medios de propaganda, la organización de la lucha contra la revolución y el comunismo». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971)

Ludo Martens y su apología de China y otros regímenes revisionistas-capitalistas


«Cuando Lenin afirmó que la joven Unión Soviética arruinada y atrasada económicamente poseía todo lo necesario para edificar el socialismo, el nivel de producción per cápita de acero, cemento y carbón, era de 11 a 25 veces más bajo que el de los Estados Unidos. ¡En 2006, como veremos más adelante, el imperialismo chino ha producido tanto acero como sus seis competidores imperialistas juntos! ¿No es todo lo que necesitaría la economía china para desarrollarse contando exclusivamente con sus propias fuerzas, si China realmente fuera un país socialista? ¿Esta gigantesca producción no sería capaz de abastecer inmediatamente una base material y técnica para la mecanización socialista del campo? ¡Los únicos que pueden pasar en silencio este hecho son los lacayos del imperialismo chino! Los únicos antimarxistas que se pueden hacer eco de la teoría de la burguesía imperialista china según la cual China:

«Está en una fase inicial del socialismo. Se trata de un periodo histórico que no se puede saltar en la construcción del socialismo y es la modernización de China que acusa un retraso económico y cultural. Esta fase va a durar más de un siglo. En la construcción del socialismo en nuestro país, debe ser a partir de la situación propia de nuestro país, nuestra vía debe ser a través de un socialismo de características chinas. Nuestras fuerzas productivas, lo mismo que las ciencias, las tecnologías, y la educación, todavía acusan el retraso, la industrialización y la modernización todavía tienen un largo camino que trazar». (Partido Comunista de China; XVIº Congreso del Partido Comunista de China, 2002)

¡Esta estrategia de los revisionistas chinos, no tiene por otra parte nada de nueva, emana de la línea derechista de los diseños maoístas de la «nueva democracia» y de la teoría trotskista de las fuerzas productivas, repetida por todos los oportunistas! ¡Es obviamente imposible para un marxista respaldar estas mistificaciones! Es imposible que un marxista diga que hay que:

«Dar a conocer las experiencia y los puntos de vista de los países que preservan la vía al socialismo». (Ludo Martens; Tian An Men 1989: de la deriva revisionista a la revuelta contrarrevolucionaria, 1991)

Cuando estos países, no tienen nada de socialista, excepto el nombre que quieran ponerse. Esto sólo sirve para proporcionar armas a la burguesía internacional para cubrir de barro al auténtico socialismo:

«Atreverse a defender el socialismo, atreverse a defender a China, atreverse a defender a Cuba,  atreverse a defender a Albania, atreverse a defender, a Corea del Norte». (Ludo Martens; Tian An Men 1989: de la deriva revisionista a la revuelta contrarrevolucionaria, 1991)

¡Con esto lo único que se «defiende» un galimatías de teoría y práctica revisionista, que objetivamente sirve a los intereses de la burguesía internacional!:

«A veces, se nos objeta que el Partido Comunista chino ha cometido errores y fallos. Esto es una evidencia. Pero, ¿cuáles son las conclusiones que se sacan de esta constatación? Ponerse del lado de la contrarrevolución y del revisionismo, ¿es ésa la cura para las enfermedades del socialismo?». (Ludo Martens; Tian An Men 1989: de la deriva revisionista a la revuelta contrarrevolucionaria, 1991)

¡No! Los revisionistas chinos no cometieron ningún «fallo», fueron fieles a sus concepciones revisionistas y chovinistas, las cuales simplemente adaptaron a la nueva situación internacional. Las «enfermedades del socialismo» que alude no son más que el producto del poder de los revisionistas. Por lo tanto apoyarlos, si es fusionarse con el imperialismo y el revisionismo. Ya que los revisionistas no van a mover un dedo por el socialismo ni van a curar las «enfermedades» que el país revisionista-burguesa enfrenta.